
En la época medieval, el hombre ya no tenía excusa para perderse, ya que los caminos estaban hechos y marcados, así que hizo de la caza un deporte donde demostrar que se podía convertir una obligación, en un placer. Así intentaba demostrarle a la mujer lo divertido que podía llegar a ser eso de fregar platos y barrer la casa. Al parecer la cosa no funcionó bien así que el macho inventó el “ordeno y mando”. En esos mismos días, las mujeres pedían más higiene a los hombres, pero el macho dominante era más listo (y más guarro) y decidió que limpiar el cuerpo con agua era una atrocidad y que lo mejor era rociase con colonias y perfumes que camuflaran el hedor pestilente que emanaban sus cuerpos. (En la actualidad aun existen algunos especimenes que creen que con un fuerte olor a sobaco, se puede ligar mejor) Ante la insistencia de las mujeres a la higiene personal (y como no se habían inventado todavía los partidos de fútbol por el plus) el macho ibérico una vez mas echó mano de su ingenio y se inventó las guerras entre colonias de distinta creencia (religiosa, política. Étnica o musical) de paso se pasaría meses enteros de cruzadas por esos mundos de dios matando a sus semejantes, y sin tener que ducharse. Eso si, para que su honor no fuera mancillado por su escudero o su mayordomo durante la ausencia, hizo inventar el cinturón de castidad para su esposa. De ese modo ni su escudero ni su mayordomo podían beneficiársela. O sea, que solo se la podía “tirar” el cerrajero. Con lo que no contó el macho dominante fue con la ausencia total de hembras en los periodos de colonización de tierras. Pero el hombre siempre tiene recursos escondidos. Se inventó la “solución de urgencia con sus semejantes” (también llamado mariconeo) y la práctica del “amor propio” (vulgarmente conocido como, pajillas, manolas, cascadas, etc.)
Con el paso de los años, el hombre ha dejado frases célebres para demostrar su clara superioridad sobre la hembra. Cosas como:
-Detrás de un gran hombre hay una gran mujer
Que significa:
-El macho es mejor, pero a la hembra hay que hacerle “la pelota”
Hoy en día el macho dominante tiene un comportamiento curioso que a mi parecer es digno de estudio, dependiendo de la tipología de la que se trate, se comporta de un modo u otro, a cual más absurdo:

“El macho de discoteca” –por ejemplo- al llegar al lugar de moda, lo primero que hace es un barrido visual por la sala, en busca de la hembra pechugona, rubia y tonta (que siempre la hay). Una vez localizada la presa, empieza el ritual de aproximación (previo paso por la barra en busca del “cubata”). Dicho ritual consistente en dar varias vueltas al local con aire desinteresado, y unas miradas fijas a los ojos de la hembra con la esperanza de llamar su atención. Pero el asunto ocular siempre sale mal, ya que la mirada nunca (pero nunca, nunca) llega a sus ojos. El poder de atracción de las “tetas” de las mujeres es tal que por mucho interés que ponga el macho, es científicamente imposible que su mirada llegue a toparse con la de la hembra. Quince vueltas al local mas tarde, y con unos doce cubatas en el cuerpo, empieza a tambalearse en dirección a la rubia, pero normalmente a estas alturas ella ya está en un sofá de la esquina dándose el lote con el “segurata” de turno. Como el macho siempre tiene recursos escondidos, no deja que su orgullo sea pisoteado, y para demostrar su poder dominante es incluso capaz de chulearle al maromo con frases tan meditadas como:
-yo la vi primero… o:
-nena, si te molesta este tipo, lo saco a la calle y lo caliento.
Obviamente la noche acaba en el hospital con unas cuantas costillas y el tabique nasal roto (por no mencionar el vaso de tubo introducido en la vía rectal).

El autentico “macho-man” tiene que ser un fanático del motor. Por eso los domingos a las diez de la mañana saca la moto “chupi-heavi-mega-la-hostia-de-cilindrada” y sobre el caballete, en la puerta de su garaje le da gas a toda pastilla para que el resto de los desgraciados vecinos que no tienen motos “guays” se enteren de lo que farda el sonido de su “maquina de ligar con descerebradas”. También tiene sus riesgos, ya que puede soltarse el caballete y salir disparada la moto a la quinta hostia, o mejor todavía, que en su afán por quemar gasolina, acabe quemando la moto.
Es parte del riesgo de ser “macho-man”.
Otro comportamiento típico de esta especie, es su afiliación a algún grupo motero. Eso conlleva utilizar durante los 365 días del año unas enormes botas “camperas” con herraduras en las suelas para que a su paso por las calles del pueblo, todos oigan que se aproxima el “eslabón perdido” de la raza humana, y una cazadora de cuero negro.
Uno de los inconvenientes que tiene esta costumbre, es que en verano, a cuarenta grados a la sombra, su orgullo y su masculinidad no pueden quedar en entredicho y salen a la calle ataviados con la “chupa” de cuero (en cuya espalda luce el logotipo de su grupo “motar”) y las susodichas “camperas” lo cual en ocasiones les hace caer sin sentido al suelo, victimas de una lipotimia por culpa del calor. Pero siempre lo arreglan con una cerveza fresquita tras otra. Los efectos secundarios de este comportamiento suelen ser visibles en muy poquitos meses a la altura del vientre. Esa prominente barriga cervecera que hace que acaben meando siempre fuera de la taza del váter. Es lo que tiene no poder verse la “chorra” por culpa de la barriga. Pero ese es otro asunto.
Si estamos atentos a nuestro entorno, podremos descubrir a una muy extensa variedad de la especie de macho dominante a nuestro alrededor. Sin ir mas lejos, hace poco, en la fiesta mayor del pueblo, me dirigí a la caseta de tiro con mi hijo para pasar el rato. Mientras disparábamos a las famosas bolitas de colores con esas estupendas armas de precisión llamadas “escopetas de feria” (cuya fama de fallar continuamente es mas que merecida) llegó a nuestro lado uno de esos machos acompañado por una chica voluptuosa con pocas luces, que bien podría ser su hija. Pidió unos cuantos perdigones y se puso a disparar actuando como si fuera un francotirador profesional como si su vida dependiera de cada palillo que intentaba romper con su escopeta. Se había propuesto conseguir puntos suficientes como para ganar una muñeca sevillana con más años que la mismísima Carmen Sevilla, regalársela a su ligue, y demostrarle tres cosas:
-lo buen tirador que era (con poses militares incluidas),
-su amor incondicional por ella (hasta que otra descerebrada de tetas grandes se le arrime), y…
-lo gilipollas que el hombre puede llegar a ser si se lo propone.
Bueno, pues el caso es que nosotros dejamos la caseta de tiro a eso de las siete y media de la tarde. Cuando volvimos a casa, al final del baile de “Envelat” a eso de las tres de la madrugada, el muy gilipollas aún estaba pegando tiros a los palillos intentando ganar la muñequita de las narices. La “amiguita” pidiéndole que parara ya, que no importaba, que ya sabía que la quería. El tipo diciendo aquello de que no, que ahora por sus cojones conseguiría la muñeca, y el dependiente de la caseta ofreciéndole ¡gratis! la muñeca para que se fuera, que tenía que cerrar, que era tarde, que ya todos habían cerrado sus paradas. Y el muy “machote” reprochándole que de eso nada, que el fue campeón de tiro en la “mili” y que nadie lo iba a humillar dándole un premio como si de consolación se tratara. ¡Manda “güevos”!
En fin. Que aun que no os lo creáis estamos rodeados de trogloditas con muy pocos sesos y demasiados cojones, cuya existencia debiera ser analizada para su posterior exterminio sin piedad. Por si se os ocurre buscarlos, los encontrareis siempre rodeados de un grupito reducido de chicos y chicas de entre 15 y 20 años sin estudios, que se bañan con la presunta sabiduría de un adulto que les enseñara a hacer “porros”, les proporcionará el teléfono de buenos “camellos”, y que siempre entiende de todo lo que le hablen. La triste realidad es que no tiene ni puta idea de nada, no acabó la educación básica y que lo que explica siempre es inventado o es mentira. Sus amistades le duran lo justo hasta que se dan cuenta de cómo es en realidad. Es por eso que su círculo social está en constante cambio (que no evolución).

Distinguirlos es fácil: su frase favorita es: -¡por mis cojones! (acompañada de un golpe en la mesa). Su bebida es la cerveza, siempre es un “enterao” de todo lo que los demás hablan, no ha leído un solo libro en su vida, y si aprendió a leer fue para poder entender lo que pone en el “As”, “El mundo deportivo” y para poder leer el título de las películas en las estanterías de la sección porno del video-club. Siempre viven con sus padres y no han fregado un plato en su vida (eso es cosa de mujeres) por lo que cuando la madre se ausenta de casa por vacaciones, se ve obligado a contratar los servicios de una asistenta el día previo al regreso de mamá para que limpie la casa. La frase que suelta invariablemente la “chacha” (tapándose la boca y nariz con un trapo) es:
-Esto le va a costar más caro de lo que pensaba.
Sus “ligues” suelen ser mucho menores que él (podrían incluso ser sus hijas). Esto se debe a que ellas aún no tienen demasiado desarrollado el cerebro, y se sienten bien junto a un mayor que les proporciona tabaco, marihuana y otras substancias, alcohol (sin su compañía en los bares no se lo sirven) y sexo experto (aun que muchos de ellos tienen serios problemas de impotencia y eyaculación precoz por culpa de las cogorzas y los cuelgues “psico-activos”)
Viendo a esta raza desde una cierta distancia, uno piensa que se trata de una especie en peligro de extinción, pero para desgracia de la humanidad, el “macho” está en el planeta desde el origen de los tiempos, y vino para quedarse y conquistar mundos…
-¡UFFF! Que ganas tengo de que nos invadan los extra-terrestres y acaben con esa especie autodenominada “dominante”.
La única manera de aniquilarlos es tratarlos como nos recomiendan los cuidadores de los animales en el zoológico:
-por favor, no den de comer a los animales.
A ver si con un poco de suerte se extinguen ellos solitos